miércoles, 31 de diciembre de 2014 0 comentarios

De Carlos Gómez

No tienes ni idea de lo bonito que puede ser,
llegar a echarte de menos.
Pero eso queda muy lejos;
todavía.

Aprender conmigo, sin un nosotros,
a oler tu ropa,
tender tus miedos;
a gritar tu nombre;
a tenerme lejos.

Sentir tu vacío llenando el mío;
y mi cuerpo en silencio,
como un patio de luces.
Escuchar el eco entrar por mi ventana;
repitiéndome tu nombre;
una y otra vez.
Ven.

Estamos muy cerca,
de querernos a lo lejos.
Donde se encuentran las nubes,
y se abren tormentas.
Allí donde se atrapan los sueños,
y vuelan las promesas.

¿Dónde quedas?
¿Dónde hemos quedado?
Yo de ti;
Tú de mí.

De nuestros cuerpos.

Grítame dónde has ido;
o dime dónde me has dejado.
Agarra fuerte tu brazo,
obligándole a odiarme.

Porque no tienes ni idea
de lo bonito que puede ser,
llegar a echarte de menos.
Quererte un poco más; 
y más.
A deshoras.
Sentirme allí,
a lo lejos,
o escribirte esto.

Porque no valen palabras
—escritas o por escribir—
en estos momentos.

Por si acaso
si se te ocurre volver, grita.

Tengo la ventana abierta.
sábado, 13 de diciembre de 2014 3 comentarios

Reyes Magos

A mis hijos les diré que los Reyes Magos sí que existen, pero que no tienen que esperarles porque están dentro de ellos mismos. Les diré que no se lo cuenten a los demás niños porque todos querrán ser como ellos. Les dire que todos los niños creen que ellos son unos viejos barbudos que montan en camello. Les diré que si quieren que el resto de los niños tengan sus regalos en Navidad, tienen que lavarse los dientes, acostarse pronto y sonreír todos los días. Les diré que cada vez que ayudan a alguien, es un regalo que acumulan para entregar a algún niño. Y por último, les diré que esa noche tienen que irse a dormir muy temprano, porque el duendecillo que llevan dentro tiene que hacer muchas cosas. Así, aprenderemos que no es más feliz el que más tiene sino el que más es capaz de dar sin perder la ilusión.
jueves, 11 de diciembre de 2014 0 comentarios

Debe

Creo que desde el momento en el que te rompen, puedes elegir por qué ruta prefieres desviarte. La primera ruta es una especie de egocentrismo que crea una barrera a tu alrededor de modo que nada ni nadie pueda hacerte daño. Te vuelves sombra. Ríes, superas, te creces, te quieres... Pero en el fondo siempre sabrás que hay algo roto dentro de ti y esperas, aunque lo niegues, que alguien te ofrezca un café en aquella cafetería, y sobre todo, que a ese alguien le guste la manera en la que te besas en los guantes y te abrazas la taza. La segunda ruta consiste en todo lo contrario: "soy el vulnerable pájarillo de tu aliento". Todavía no tengo claro si hay algo más oscuro que una sombra, y supongo que si existe sería la sombra de la nostalgia. Debe de existir algo más feo que un árbol de navidad blanco y artificial, algo aún más feo que el rencor, y eso debe ser la sensación de haberse perdido a uno mismo: de mirarse y no verse, de odiarse, de no ser capaz de dejar de ir a esa cafetería mientras continúas a la espera de que llegue alguien, pero no ese alguien... sino aquel alguien. Y es algo parecido a esperar el tren mientras las vías están cortadas por intensas nevadas, "pero es que este vendaval no me deja levantarme". Debe de existir algo más feo que tiritar por ausencias, por falta de ganas de respirar, por ausencia de razones por las que vivir... en fin, creo que desde el momento en el que te rompen, algo cambia en ti para siempre. Existe un momento, no importa cuándo, en el que te das cuenta de que todos aquellos malos cuentos de final triste siempre fueron rasguños. Existe un momento, en el que te sientes tan vacío por dentro que no te queda otra que, hacer el mismo daño que te han hecho al tiempo que te repugnas frente al espejo, o quererte tanto que seas incapaz de querer a alguien, incapaz de creer que puedes ser querida de la manera que mereces.
Creo que, cuando nos rompen, lo único que nos sana es el amor propio, las caricias de las letras y algunas personas que "las suelo llamar personas mundo, porque conocerlas es como leer un libro: tan reales, tan verdaderas, tan ciertas... y tan mágicas"


viernes, 28 de noviembre de 2014 0 comentarios
Como echar raíces en el mismo suelo que dominan tus piernas.
Como romper el silencio entre tus veintiseis gemidos
o que te vayas y me dejes a medias -y sin medias-

Pero bailamos torpes como dos bailarines inexpertos,
viendo con los ojos cerrados
como te quedabas
al día siguiente
y para siempre
y toda la vida
sin que sonara el teléfono
y tuvieras que irte.

Nosotros que jamás nos hemos mirado y
en el peor invierno desde hace años
me sabes a mí.

Te deslizas por mí,
Y jugamos a ser humanos en esta habitación:
jugamos a ser humanos, pero se volvió todo gris.
domingo, 16 de noviembre de 2014 1 comentarios

Por si vuelves

Le puse tu nombre a ese precipicio, y les propuse a cada una de las esquinas el intento de parecerse a ti. Le dije al sol que brillara más en sus días más secos, y al suelo que fuese más firme, como tú cuando te enfadabas. Al vértigo le dije que le quería, y entonces me empujaba como cayendo de veinte mil pisos que, me parecieron todas tus risas. Me colgué por si acaso el tiempo me había enseñado algo de culturismo. Entonces vino la brisa, como tus suspiros en el espejo, como tu aliento en mi nuca, y en vez de hacerme perder el equilibrio, me empujó contra las rocas, clavándoseme éstas en el corazón, haciendote permanente. Y la verdad, hubiera preferido destrozarme todos los huesos a quedarme aquí, mientras llueve - o lloras-, o llega el otoño - y te desnudas en otro cuarto-, o cualquier otra cosa que no me hubiese hecho ponerle tu nombre a las veintiseis brechas de mi cuerpo.
lunes, 10 de noviembre de 2014 0 comentarios

.

Me gustaría escribirte algún día y que no fuese para contarte lo mucho que te echo de menos, todo lo que han cambiado las cosas, las excusas de que ha llegado otro que también me hace temblar y que esta vez no eres tú. Me gustaría escribirte algún día y que o bien no fueses el protagonista escondido entre líneas que no hablan de  dti, pero que están escritas sobre tus manos, o bien fueses el protagonista de algo que no parezca tener fin. Pero últimamente, ninguna de las dos es posible. Desde hace años, no existe ni principio ni final.
Me gustaría hablarte. No quiero mandarte mensajes, ni oír tu voz a través de cualquier aparato. Me gustaría verte y oírte, y cogerte de la mano, mirándote a los ojos y notarte. Aquí. Que me digas que en todo este tiempo siempre has estado, que tan solo hacía falta una llamada. Me gustaría decirte, aunque se nos rompa la vida, que fuiste lo mejor que me había pasado nunca. Que cuando te echo de menos es el único momento en el que vuelvo a ser yo, sin miedo a lo que diga la gente, sin miedo a lo que pueda pasar.
Me gustaría decirte tantas cosas que no tengo palabras ni para hablarte, ni para escribirte... Ni siquiera soy capaz de pensarte con claridad: pero estás. Siempre estás.

Por muchas veces que me hagan temblar, siempre estás tú, inerte en cualesquiera que sean estos dedos.
jueves, 6 de noviembre de 2014 0 comentarios

Pero qué culo

+ Dios, algún día dejará de gustarme su culo
- ¿Todavía te gusta?
+ Que va, pero yo que sé, es algo extaño
- Te gustaba mucho, ¿verdad?
+ Sí, me encantaba. A veces incluso le echo de menos.
- ¿Por qué dejasteis de hablar?
+ Estuve tres años detrás de él, y justo cuando le conseguí, o creía haberle conseguido, se fue con otra. Me acuerdo que no podía soportarlo y que me pasé días pensando si quería soportar otra tía más y a saber lo que podría pasar después, o directamente olvidarle y empezar de cero. Así que finalmente opté por lo segundo, y tuve que empezar de cero: su anillo, conversaciones, cartas, camisetas... todo, por pequeño que fuese. Le pedí que no me hablara nunca más, que yo volvería a él cuando le hubiera olvidado completamente, cuando ya no me hiciese daño.
- Pero seguís sin hablaros ¿no?
+ No me he atrevido a volver a hablarle, a fin de cuentas, le veo todos los días. Sigue siendo el mismo, pero a la vez, es otro. Yo también soy otra. No se puede recuperar la relación de dos mejores amigos de hace cinco años: es demasiado tiempo.
- La gente decía que lo hicísteis
+ Algo pasó, pero no pasó nada, ¿entiendes?. No lo hicimos, pero tampoco no hicimos nada.
- Y en lo que fuese que hicisteis, ¿fue el primero?
+ Sí
- ¿Te arrepientes de eso?
+ No. O sea, no me arrepiento de nada. Creo que ha sido la etapa más plof de mi vida, pero sin embargo la etapa que volvería a vivir una y otra vez, sin cambiar nada. Volvería a llorar lo llorado porque cuando me reía, lo hacía de verdad. Ahora es todo distinto, somos mayores... creemos que nos enamoramos porque tenemos más edad, que si sexo, que si no me conviene... Cuando éramos pequeños eso no tenía nada que ver. "Me gusta" y punto, y se te iba la vida aunque en el fondo decías "cuando sea mayor me reiré de lo tonta que soy". Y es mentira, cuando eres mayor echas de menos a la niña pequeña que era capaz de enamorarse, de luchar por algo, de darlo todo, de no rendirse, de perder el orgullo, la razón... Incluso de ilusionarse por lo más pequeño. Cuando crecemos, perdemos la ilusión, el corazón se nos hace más pequeño... El mundo se nos llena de miedo.
- Pero ¿qué veías en él?
+ Me habré preguntado eso cien mil veces. No sé, es que ahora no sé como es, no sé si ha cambiado. Pero si lo ha hecho, una parte de él seguirá siendo la de hace tantos años, al igual que dentro de mí continúa esa niña pequeña enamorada y que a veces sale a airear recuerdos. No lo sé, es que tenía tantas cosas tan sencillas. Era inteligente. Donde se ponga un tío inteligente que se quite todo lo demás. Y tenía un sentido del humor que me encantaba. Había gente que no le entendía: yo tampoco lo hacía a veces. Pero me gustaba porque era diferente. Tenía claras las cosas, no sabía lo que quería ser, pero tenía claro cómo quería ser. Sabía el sacrificio que requiere ser una persona de las que él quería hacer. Y siempre me escuchaba. Siempre tenía las palabras exactas. Siempre sabía hacerme reír, al igual que me hacía llorar. Me conocía mejor que a él mismo. Lo que más me gustaba es que estar con él me inspiraba a escribir, a expresarme, tanto para cuando estaba feliz y le amaba más que a nadie como cuando tenía el corazón destrozado. Me gustaba su culo, pero no sabes lo que había detrás de esa sonrisa. Lo que había en esa cabeza, o quizás, en ese corazón... No lo había descubierto nunca antes en ninguna otra persona. Me hacía temblar. La piel se me erizaba y me daba frío a la vez que ardía por dentro. Me daba envidia hasta el aire que respiraba porque estaba con él en todo momento. A veces, cuando me sentía mal y no quería dar la lata, me recorría los 3,4km que separan su casa de la mía. No le decía nada, pero me gustaba saber que estaba más cerca que antes. Cuando pasó un tiempo y creí haberlo superado, volví a ir. Me derrumbé. Desde entonces, no me he atrevido a ir de nuevo. Supongo que esa es la misma razón por la que hace casi tres años que no le hablo. Que cuando se cruzan las miradas, yo miro para otro lado. Que aguanto la respiración para no oler la colonia que, por supuesto, no ha cambiado en todo este tiempo. En el fondo sigue siendo él... No lo sé. No le quiero, no estoy enamorada ya de él, porque no es la misma persona. Pero tiene algo, algo que a veces me obliga a recordar, algo por lo que no puedo evitar llorar. Algo por lo que lloro, pero cuando me pregunto los motivos, no sé responderme. Todavía no he olvidado las fechas. Ni su cumpleaños, ni los besos... No he olvidado ni su primer abrazo. Sinceramente, no he vuelto a besar. He dado besos, pero ¿besar? Creo que solo he besado una vez. Solo he besado una vez. Y todavía lo recuerdo. Cuando lo hago, el estómago me arde, la cabeza me bombea a diez mil por hora, se me hace un nudo en la barriga, inconscientemente me muerdo los labios... como ahora. No puedo evitar recordar todos y cada uno de los detalles. Pensar en él, a menudo, me da ganas de luchar.
- Tenéis que volver a hablar, sigues enamorada de él.
+ No. Es imposible. (Pero ojalá)
miércoles, 5 de noviembre de 2014 0 comentarios

Shake

Me gustaba porque apenas le conocía y nunca llegaba a hacerlo del todo. Cuando creía que me había cansado, que había pasado demasiado tiempo y me disponía a olvidarle, hacía algo nuevo que me gustaba todavía más. También me gustaba porque cuando les hablaba de él, me temblaba todo el cuerpo. Y era un temblor como el de cuando estás en tirantes y el mundo te susurra a menos 20. No era un temblor de tiritar sino de cascarrear los dientes, un hielo que ardía mi estómago, mi pecho. Un hielo que descongelaba un corazón a mil por segundo. Me gustaba y no sé por qué. Pero decidió irse, y entonces yo le olvidé. Y volvió, y me volvió a gustar: y sigo sin conocerle y sigue haciéndome temblar. Solo la única persona que alguna vez me ha hecho temblar, y por esa razón, no quiero -no puedo- saber nada sobre ti.

You are the only one who has make me shake and that's why I don't wanna know anything about you
martes, 14 de octubre de 2014 1 comentarios

Por lo que nunca fuimos

He tomado por manía el aferrarme a los ojos de la misma persona que luego acabo perdiendo. Mi vida se ha convertido en un bucle que se repite una y otra y otra vez. Siempre la misma historia: la que no puede ser por miedo a que no funcione. La historia del "eres tan importante que no puedo imaginarte como algo más". Es la excusa, o mejor dicho, la espada menos afilada, pero la que más duele...
Si algo he aprendido de las dos veces que me he enamorado, ha sido a arriesgar. Que no salir con alguien porque sea tu mejor amigo y las cosas puedan salir mal, ya se ha convertido en una excusa de cobardes, porque al final, saliendo o no, vas a perder a esa persona. Nada es para siempre, ya me lo dijeron una vez...
Sin embargo, lo que más miedo nos da es lo que más nos salva. De la rutina, del sitio donde estamos pero no es donde queremos estar... 
Hoy mas que nunca, creo a ciencia cierta que las mejores relaciones son las de mejores amigos. Es imposible decirle te quiero a una persona que conoces de unos meses, o de unas noches. Sin embargo, es imposible no darlo todo en una relación en la que sabes que eres querido. A fin de cuentas, para querer a medias mejor no querer.
miércoles, 8 de octubre de 2014 0 comentarios

Volver a los catorce

Volver a los catorce para volver a querer.
Para volver a sentir algo que no resulte espontáneo y tienda a desaparecer. 
O tendamos a hacerle escapar 
por miedo a que nos vuelva a destrozar.

Me gustaría volver a querer,
pero no como quieren los mayores,
no como quieren los enanos:
Me gustarïa volver a los catorce.

Recordar el ansia por una tarde de cine,
o de banco.
El valor de los besos que se dan.
Las fechas de todas las primeras veces que.
La seguridad ante la que creíamos que era el amor de nuestra vida...
O las ganas con las que lo intentamos.

Me gustaría volver a los catorce,
para volver a aprender a querer(me),
porque a medida que nos hacemos más grandes,
el corazón se hace más pequeño.
domingo, 28 de septiembre de 2014 0 comentarios
Me considero defensora de que todo lo que ocurre está en nuestra mente, y todavía no he conseguido averiguar si eso realmente tiene nombre o me estoy volviendo loca (mi mente, una vez más).
Creo que todo lo que nos sucede o rodea ocurre porque nosotros pensamos que puede ocurrir, es decir, "me da ansiedad si no fumo", "aquel beso me produjo éxtasis y el otro asco", "me gustan los macarrones", "si tengo que estudiar no me relajo hasta que lo hago", "me pongo nervioso en los exámenes"... 
Me parece que la química cerebral influye muchísimo en los estados de ánimo y, por ende, en el comportamiento. Sin embargo, creo que hay algo que va más allá de lo físico, algo que podríamos denominar alma. Claro que no hay pruebas de que exista el alma, pero tampoco hay pruebas de que haya algo más allá de nosotros mismos. Es decir, todo lo que vemos a nuestro alrededor podría ser una invención de nuestra propia alma. Tal vez el mundo físico es sólo el reflejo deslucido del mundo espiritual, que es el único que verdaderamente existe. Eso explicaría por qué no existe lugar alguno - ni en nuestro cuerpo ni en ningún otro rincón de esta realidad - que contenga al alma. Por supuesto que esta hipótesis es incomprobable, pero eso no le quita interés.

He llegado a pensar que según mis creencias, la mente del ser humano, y por tanto, la nuestra, no tiene límites: y con eso quiero decir que el ser humano puede controlar su fuerza, su voluntad, sus necesidades e incluso la enfermedad. Pero siempre teniendo como límite la necesidad de tener a los demás para sobrevivir, como decía Aristóteles y los griegos de la filosofía occidental. El ser humano está condicionado por el todo, que es la ciudad y sin ciudad no somos nada. Pero, qué es lo que nos construye a nosotros mismos? Las circunstancias? Yo creo que lo correcto sería decir que lo que nos construye a nosotros mismos es la propia química cerebral y el comportamiento de la persona ante distitas circunstancias o situaciones. Si tú crees que puedes hacer algo, automáticamente tu mente va a luchar por lo que quieres conseguir porque no encuentra ningún impedimento. Si tú te obsesionas con que algo es de x manera y por tanto tienes que vencer z obstáculos, la mente de cierra y se bloquea. Lo mismo ocurre con el tabaco: si tu crees que no puedes dejar de fumar, no dejarás de fumar.

Y si todo esto es cierto me pregunto cuáles son los verdaderos límites del ser humano: dejando atrás la filosofía de Aristóteles, la mente no conoce límites.
lunes, 15 de septiembre de 2014 0 comentarios

¿Te quedarías? /Restaurado 10/02/2014

El tiempo pasa, y no me hace falta nadie ni nada que me demuestre que las personas, los daños, todo eso también pasa. Está muy bien que la cicatriz de esa primera persona por fin cierre, por fin desaparezca esa llaga y todas las demás que la adornan en la piel. Pero a veces me acojana el lado malo de todas las cosas. Que sí, que todo el mundo se va, que no estaremos junto a alguien para siempre. Que esos cuentos ya sé que no existen. Pero supongamos que optamos por una doble victoria, un quédate que no quiero saber del tiempo. O un no te vayas, que me da frío.

Supongamos que puedes quedarte para siempre, que puedes curarme toda la vida. Que puedes imaginarnos dando soluciones al mundo que si todo aquello estuviera colgando de estas sucias manos. ¿Te quedarías?

Ahora bien, si bien tú puedes quedarte también lo hará tu recuerdo. Es decir, que cuando te vayas -porque no quedará otra opción; porque nada dura para siempre - no quedara sino algo más que tu recuerdo.

Me quedaré con los libros que no dejan de hablar de tus manos, con el negro de tus ojos como el cielo en pleno invierno. Con tus consejos, con tus tristezas, con la mía - y permitanme la osadía- pero también la del mundo entero. Porque todo el mundo estará triste al ver que te has ido sin dejar ni rastro, ni un poco de esperanza.

Quiero decir que, me quedaré vacía. Por que qué serán esos ojos sin vida, o esas manos sin ti. O qué será de mí si un día me faltas.

No te vayas.

Tanto tengo que tengo miedo. Miedo al sentir - o al sin ti -. Al adiós que no es un 'hasta luego'. Ni siquiera al adiós.

Hay días muy fuertes, tan solo tú sabes entenderlo. Y aunque dices que hay mejores, que todo termina, que la distancia es una puta que me tiene dicho que no compita con ella, no me imagino una vida sin ti. Que lo que yo necesito es fuerza e inestabilidad, y eso solo puedes dármelo tú.

"Tu eres la indiferencia y yo soy la ira. Mucha ira es mala. Mucha indiferencia también. Pero cuando ira e indiferencia se combinan todo se equilibra"

Y lo que más me mata es la manía de echarte las culpas, de decir que todo ha sido por un mal movimiento. Que todo esto es una partida de ajedrez, donde tú me colocas como reina permitiéndome cualquier movimiento y eso acojona.


Es increíble como puedes llegar a necesitar tanto a alguien, de tal manera que se te pare el pecho cada vez que recuerdas todo lo que han hecho por ti y lo poco que lo mereces. Es increíble que todavía quede gente así. Y yo con mis manías de perderlo todo, de querer tirarlo por la borda en un solo movimiento y así me va. Con este miedo de perderte, de que me dejes aunque nunca te hayas ido. De perderme entre cafés y cervezas donde no puedo dejar de hablarte, de mirarte, de agradecerte internamente todo lo que haces sin pedir nada a cambio. Y te limitas a repetirme, una y otra vez como una cría que todavía no tiene claro su nombre -porque así es como me siento ante tu presencia- que no me preocupe, que tú serás mi pilar, mi fuerza, mi tranquilidad, mi almohada, (mis días, mis noches, mis insomnios, mis ganas de huir y mis ganas de quedarme).
domingo, 14 de septiembre de 2014 0 comentarios

Quiero ser gaviota

Son las cinco cincuenta y cuatro de la mañana. No puedo dormir. No consigo conciliar el sueño desde hace un par de meses. Hoy, no es distinto.
Estoy triste. Lo estoy y lo escribo como medio y excusa ante la depuración de sentimientos. Me gustaría ser gaviota. Aunque no haya mar.
Estoy triste y la soledad me abraza. No quiero estar con nadie pero tengo demasiado frío. Preciso de unos brazos amigos. Y a veces mi propia piel es áspera y cortante, y destruye los lazos que me balancean la vida.
Y me caigo.
Y me rompo.
Y vuelta a empezar.
El problema soy yo,
que no funciono de acorde a la vida.
miércoles, 10 de septiembre de 2014 0 comentarios

/En un mundo de grises/ *No es de mi autoría

No te engañes: ni el mundo es tan grande ni el amor salva a tantas personas. A mí me cabía allí adonde tú estuvieses. El mundo, digo. El mío. Y el amor, bueno, también fue a veces aquella mano que nos hundía la cabeza bajo el agua. Qué dolor tan dulce, como tener que escuchar por última vez en la vida tu canción favorita. Ya no me permito soñar tanto. Ya no me permito casi nada. Ni siquiera cuando me despierto solo me concedo el lujo de echarte de menos. De qué iba a servirme. Echarte de menos es lo último que necesito ahora. Echarte de menos sería el primer paso para que empezase a derrumbarse todo. Como una reacción en cadena. Como una bomba atómica encerrada en algún lugar bajo la piel. Hoy casi exploto por completo. Durante un segundo sentí que me quemaba. No había fuego y ni siquiera grité, pero te prometo que adentro no me quedaba demasiado. Un vacío, si acaso. Una gran y terrible ventana sin vistas a ningún sitio. Algunos días tengo tanto miedo que ni me doy cuenta, y eso es lo peor que podría pasarme. Imagina por un segundo que te haces una herida que ni sangra ni duele. Imagínalo por un segundo, vivir siempre con ese herida a cuestas, y al final del todo convertirla en ti mismo. Eso me ha pasado con el miedo. No me he dado cuenta, te lo juro. Y eso es porque estoy triste. Triste de remate.
sábado, 6 de septiembre de 2014 0 comentarios

Claveles azules

Te estás yendo. Cada día te noto más lejos y tengo miedo de que hoy, o mañana, o ahora que no estoy contigo, sea la última vez que te vea. Vivo con el miedo de meter la llave en la puerta y que no me reconozcas, que no sepas quien te prepara la tila, ni cuáles son las manos que te despiertan, que te bañan, que te alimentan... Me da miedo que me toques y no reconozcas estas orejas, ni este olor a vainilla que tanto te gusta... Me da miedo que suene el móvil y alguna voz me diga que ya no estás, que te has ido: que fue la última Navidad, tu último cumpleaños, tu última tila...
Hoy me gustaría pasarme la vida a tu lado, mientras me coges la mano y cada vez que la muevo me ruegas que no me vaya, que no te deje sola, que tú me quieres mucho y que soy tu niña... "Que no abuela, que solo voy a cambiar de canal, que llevo aquí contigo todo el día..."
Joder, te los has llevado todos. Todos mis besos y todos mis te quiero en apenas unos meses. Los que nunca te he dicho. Los que alguien como yo nunca dice. Y hoy estás tan cerca de marcharte...
No te vayas por favor, que te quiero. Que quiero bañarte todos los días, y oírte, y que me enseñes de nuevo la tabla de multiplicar. Que me digas que qué buen culo tengo y que me des dinerillo para comprarme gusanitos. Llévame al parque abuela, que quiero jugar contigo. Baja conmigo a la playa, que estás muy guapa con ese sombrero. Si te quedas, te llevaré todos los días leche rizada. Y flan. Y natillas. Y arroz con leche... Qué rico te salía todo, abuela.
Quédate, porque cuando te vayas no me saldrán las palabras, y no quiero reconocer que me da frío tu ausencia. Que echaré de menos tu pelo blanco, tus vestidos coloridos, tu risa...
Háblame abuela, que hace semanas que no te oigo. Háblame del abuelo, de cómo os conocisteis. Recuérdame que le echas de menos y te traeré claveles azules todos los días, como en tu boda. Y también dime que me quieres, que soy "tu nieta favorita pero la menos cariñosa y que eso no te gusta"... Ayúdame a elegir abuela, dime que cuide a mi madre, que sabes que tiene sus manías pero que es muy buena y que me quiere. Dime algo, por favor...
Despierta abuela...
No te vayas...
Vamos... Cuéntame un cuento... Cántame los cinco lobitos, o la canción de la linda muñeca, que todavía soy muy pequeña y siempre me has hecho falta.
Ven que te pinto las uñas, que no me gusta esa foto que tienes mía de comunión, que salgo con cara de bollo... Todas las Navidades igual, pero en esta casa cuántas veces vienen los Reyes!? Gracias abuelita, pero no hace falta... De verdad... Vamos a hacernos una foto, por si esta es la última Navidad. Abuela que mires a la cámara y sonrías!: "JAAAAAAAAAAAAAAAAAAAjaja" Abuela! No me toques ahí!! Abuelita.. Hoy te traigo flores...
Todos los días te llevaré flores.
Y te llevo aquí.
Te he puesto en un corazón, junto al abuelo.
Estás muy cerca... Al lado de mi corazón.
Te quiero abuela...
Sabes quien soy?
Soy yo... La de las flores...
Tu niña...

Vamos abuela, despierta...
viernes, 5 de septiembre de 2014 0 comentarios

Quinientos cuarenta y ocho

Hoy le he visto. Han pasado 81 días desde que no lo hacía, 548 desde que te pedí que te fueses, 775 desde que te lo di todo, y alrededor de 1460 días desde que te empecé a querer; pero ya no lo hago, ya no te quiero.
Es solo que hoy te he visto, he mirado para otro lado. Sé que tú me has visto, y sé que has mirado para otro lado. Me apuesto los cordones a que te has quedado pensando -qué guapa está, cómo ha cambiado, me pregunto cómo le irá todo...- en todo el tiempo que ha pasado desde la última vez que hablamos.
Yo lo he hecho. He vuelto a casa sin contar los portales, sin contar los pasos ni los perros, sin escuchar lo que sonaba en los auriculares. La verdad es que te escuchaba a ti: "quién va a llegar igual o mejor que tú? Nadie. No digas tonterias"
A lo mejor era verdad. Nunca llegué a preguntarte de nuevo.
He pensado en mis trece años, en las conversaciones telefónicas, en tu costumbre por decir palabras que no conocía nadie, o en tu voz, que tenía ese formato artístico que tanto me gusta de la gente. Quinientos cuarenta y ocho días sin escuchar tu voz.
No te echo de menos. No te quiero. Es tan solo que... Es irónico. Los para siempre no existen, y desde ti, todo el mundo se ha ido muy rápido. Para qué mentir, has sido la persona que más tiempo se ha quedado a mi lado.
Hoy recuerdo todas las veces que me rendí, todos los consejos que me hacen ser quien soy hoy. Recuerdo todas las veces que caí y también el orgullo y la satisfacción de cuando pude creer, a ciencia cierta, que quien la sigue la consigue.
Era demasiado dolor, lo siento. Demasiado tiempo. No iba a ningún lado.
Me alegro de que hayas cumplido tu sueño. Vaya, ciclista profesional con tan solo diecisiete años. Te lo has ganado: sé que has luchado porque tú eras quien me daba las fuerzas para hacerlo.
He olvidado, o para ser sincera, me cuesta recordar tus fechas. Tu día, tu cumpleaños... Noviembre, verdad? Nuestro día. Se me ha olvidado tu voz. De tu colonia siempre me acuerdo, porque no he conocido otro olor más dulce. Tampoco he vuelto a recorrer las calles que me llevan a tu casa, ni he vuelto a escabullirme para pensar en aquel río donde hicimos eso de quemar lo que nunca nos habíamos dicho, para que así, "el dolor no se quedase tan dentro". En nuestro banco... tampoco me he vuelto a sentar. Pero no es que me duela, es solo que... no lo sé, está mejor así...
Que extraño, y qué reconfortante, volverte a escribir. Hacertelo a ti es sentir que las palabras salen solas. No hace falta pensar si esto queda mejor, o peor... Si esto mejor me lo ahorro. Contigo todo salía solo, y no hacía falta planear nada.
A decir verdad, si echo de menos algo de aquellos tiempos: a mí.
Mucha suerte, mucha fuerza y mucho ánimo... desde algún trozo de corazón de una vieja amiga.
domingo, 27 de julio de 2014 0 comentarios

Ni es ni considero

Es
o considero
insignificante y desmesurado
atreverse a justificar un
"Te quiero"
con una necesidad.
Como si un
"Te quiero porque te necesito"
pudiera abarcar todos los motivos
para amarte.

Es
o considero
desequilibrado y torturador
confesar al mundo a través
de veinte lineas todo
lo que es posible de hacer
el amor
- y lo pongo aparte porque
las estrellas fugaces siempre viajan solas.

Es
o considero
insegura y tentadora
la posibilidad de poseer
tu jurisdicción,
detentar tu cuerpo,
perpetuar tus lagunas
conociendo del adveniviento
de lo devastador de tu risa.

Es
o considero
imperdonable
el pecado de aquellos
que te escriben que te extrañan e
intentan describirte
como si acaso las palabras
tuvieran esa suerte.

viernes, 25 de julio de 2014 0 comentarios

Gracias

Hola, hace tiempo que no hablamos. ¿Te apetece un café?
Quería contarte que dejé de contar contigo a la hora de tomar decisiones, quizás porque me tomé demasiado a pecho eso de que las cosas hay que hacerlas por uno mismo. Dejé de contarte mis cosas como si acaso alguna vez me hubieras fallado. Supongo que me dejé llevar por la gente. "No es bueno para ti", "te está haciendo daño". Y tanto que me lo hiciste, pero nadie sabe todo lo que salvaste de aquí, de mí. Es cierto, no tienen ni idea. Pero prefiero reservarme, egoístamente, las razones de peso por las que sigues siendo el pilar que sostiene este muro fácilmente franqueable.
Hoy quería contarte que he conocido a alguien que me ayudó a olvidarte. Bueno, no lo conocí, más bien lo reconocí. Y tengo mis dudas, pero ahora nadie me escucha y tampoco yo me dejo escuchar. No sé si he vuelto a enamorarme, o sencillamente me recuerda a ese primer amor que tú decías que siempre deberíamos sacar a tomar el aire "para que no nos oxide", o me recuerda a antes de perderlo todo, a antes de cambiar... para siempre. A veces sueño que vuelvo a reconciliarme con ellas, o que vuelvo a reírme a carcajadas con él. "Todas las guerras tienen grandes pérdidas".
Si pudiera en este preciso instante, me tomaría un café con el para explicarle lo mismo que te cuento hoy a ti. Quizás también le contaría mis dudas sobre si es un amor real o un amor salvavidas. Sí bueno, eso haría que las posibilidades de "ganarle" disminuyeran, pero qué más da. Con él, esta vez, quiero ir con la verdad por delante. Ya sabes como me porté la otra vez. Ya sabes que de todas las bajas de esta guerra, la suya fue la que de verdad me hizo darme cuenta de que el ataque era contra mí misma. A él no puedo mentirle ya. Por eso creo que ya no suelo contarle mi vida a nadie, porque me cuesta no mentir y decir que todo va mal, que sigo echa pedazos y que bueno, nada es lo que parece. Ya sabes todo lo que es posible esconder durante años... tú mejor que nadie lo entiendes...
¿Cómo podría explicarle que no sé si le quiero porque me recuerda a los mejores momentos de mi vida? ¡Le estoy utilizando! ¡Otra vez! No me lo perdonaría. "Quizás lo mejor sea alejarse".
De verdad, amigo, que no lo entiendo. A veces me habla y me dice cosas que me hacen trazar planes de futuro. A veces incluso me imagino mirándole mientras se ríe, diciéndole que le quiero en las noches que menos se lo espere, porque ya sabes lo fría que soy, en lo incapaz de demostrar nada que me he convertido...
Otras, sin embargo, me expulsa de su lado. Me echa y me acorrala sin palabras. Y todas las esperanzas se suicidan.
Que sí que sé que son dudas de niña pequeña, y que te aseguro que en caso de que todo esto fallase no me pondría a llorar ni pisaría el freno en mi día a día. Pero yo que sé, entiéndeme tú que siempre lo haces.
A veces lo pienso y es que todo esto me lo merezco. Me merezco que ni siquiera me hablase o es más, que me utilizase, que me pisotease y me hiciese daño en lo más profundo. Y tú lo sabes. Fui una hija de puta, una falsa, una mentirosa, una interesada. Pero créeme que he cambiado. Que ya no estoy indecisa sobre si este amor es el de verdad o no, o de si prefiero a aquel o al otro: que han vuelto malos y buenos y a todos los he echado, porque las ganas de hacer las cosas bien me han superado. "Al final todo se acaba sabiendo".
No quiero hacerle daño, y yo, solo produzco dolor.
Ayúdame.

Gracias.
jueves, 24 de julio de 2014 0 comentarios
Parte la mitad por la mitad, y eso es todo lo que tengo. Mi vida se parece a ese tiovivo de la feria, pero esta vez no hay niños, sólo una mujer con angustia y a la que le dan vértigo las vueltas. Empezaré de nuevo: tú estás tan solo como yo, pero eres más guapo. Y además eres hombre. Mis amigas también te querían a su manera, me decían "me follaba si pudiese a esa tío con la que estabas antes, ¿cómo se llama?". Tomás, mentía. Nunca le he dicho tu nombre a nadie en voz alta, porque egoístamente quiero que mi boca sea la única que te llame. Déjame eso: la autoridad de una palabra. Te dejaste el vacío, pero yo eso no lo quiero. Sólo quiero tu nombre, algunos días es lo más parecido que estoy de ser verdaderamente feliz. Y el recuerdo, bueno, es como cualquier droga: consumirla es divertido pero preferirías no estar vivo al día siguiente. Tengo de ti más recuerdos de los que le caben a la madrugada más larga que puedas imaginarte. Y eso es mucha nostalgia para alguien tan inestable como yo. Hace mucho que no me miro en los espejos más tiempo del que necesito para asegurarme de que sigo siendo las mismas tristezas de ayer, pero algo más cansadas. Debería haberlo sabido, que cuando te metes tanto en el mar, y pierdes la orilla a tu espalda, en ese punto ya no haces pie y te ahogas. Nunca he sabido nadar tan bien como bien he sabido dejarme hundir hasta el fondo. No es conformidad, simplemente hay quienes sólo sirven como tragedia en la prensa sensacionalista de cualquiera. Y a pesar de todo podría no estar aquí, ni tú donde estés. Podríamos estar juntos, y darnos cuenta de que entonces ya no necesitaríamos nada. Ni a nadie. Sólo al pensar en ello me doy cuenta de lo putas y bonitas que pueden ser las esperanzas.
jueves, 17 de julio de 2014 0 comentarios

Déjame decirte algo que ya sabes: el mundo no es todo felicidad y arcoiris. Es un lugar malo y sucio, y no le importa qué tan fuerte seas. Te va a tumbar de rodillas y te dejará ahí permanentemente si lo dejas. Tú, yo, o nadie, va a golpear tan duro como la vida. Pero no se trata de qué tan duro puedes golpear, se trata de cuánto puedes aguantar y seguir adelante. Así es cómo se gana.
El dolor es temporal: puede durar un minuto, una hora, un día o hasta un año, pero eventualmente perecerá y otra cosa tomará su lugar. Sin embargo, si me doy por vencido, durará para siempre
Si tienes un sueño, tienes que protegerlo. Las personas que no pueden hacer algo por ellas mismas te dirán que tú tampoco puedes. Si quieres algo, ve a por ello. Y punto.
La mayoría dicen que quieren ser exitosos pero no lo quieren con tantas ganas: lo quieren a medias. No lo quieren tanto como quieren salir de fiesta, no lo quieren tanto como ser popular. La mayoría prefiere dormir que ser exitosos. Nuestro mayor miedo no es que somos inadecuados, nuestro mayor miedo es que somos poderosos sin medida. Es nuestra luz y no nuestra oscuridad la que nos da miedo. Tienes que escarbar, escarbar hasta el fondo y preguntarte "¿Quién quiero ser?". Tienes que descubrir por ti mismo lo que te hace feliz. Sin importar qué tan loco te pueda escuchar otra persona. Toma la decisión: solo decide. ¿Qué es lo que va a pasar? ¿Quién vas a ser? ¿Cómo lo vas a hacer? Solo decide"
"¿Por qué no? ¿Por qué no puedo ser el mejor jugador de la liga? ¿Por qué no puedo ser el mejor de la liga? No veo el porqué... ¿Por qué? ¿Por qué no puedo?"
Levántate, y jamás te vuelvas a rendir. Podemos quedarnos aquí y aguantar la paliza, podemos luchar en el camino... hacia la luz. Podemos escalar fuera del infierno. Una pulgada a la vez.
La capacidad en cualquier momento de sacrificar lo que eres por lo que serás. La mayoría no serán exitosos porque cuando estudian y se cansan, se dan por vencidos. "No soy bueno en las matemáticas" ¡Tienes razón, nunca has estudiado!. "No soy buen escritor" Porque nunca has escrito antes. El talento lo tienes naturalmente. La habilidad solo la desarrollas durante horas, y horas, y horas practicando tu obra. Si no estás haciendo la vida de otra persona mejor, entonces estás perdiendo tu tiempo.
No llores para darte por vencido, llora para seguir. ¡No llores para rendirte! Ya estás sufriendo, ya estás pasando por el dolor... ¡Al menos consigue tu recompensa!. Si sabes lo que vales, ve y consigue lo que mereces, pero tienes que estar dispuesto a aguantar el golpe y no apuntar dedos diciendo que no estás donde quieres estar por la culpa de otra persona. Los cobardes hacen eso, y ese no eres tú. ¡Eres mejor que eso! Porque cada día es un nuevo día, cada momento es nuevo. Entonces ahora tienes que salir al mundo y gritar: "¡Soy una criatura diferente!" ¡Ahora! "Os voy a mostrar lo grandioso que soy"
Entonces, ¿qué vas a hacer? Los límites, como los miedos, suelen ser una ILUSIÓN.

https://www.youtube.com/watch?v=94hMbnej_cA&list=UUt0iFTep0fo6Oky-h6uAJAg
sábado, 5 de julio de 2014 0 comentarios

(Una de hace tiempo: CORRE DETRÁS)

Siempre has estado aquí, tan cerca de mí y con los brazos y los ojos tan abiertos. Nunca has pedido nada en todo este tiempo y yo no he dejado de pedir más y más. Hasta que ha llegado el momento donde ya no era cuestión de pedir, sino de necesitar. De necesitarte para sostener la vida, para besar un poco más lento. Necesitarte para echar las cortinas y soñar de día. Sin embargo, vuelve a separarnos lo mismo que nos unió: la falta de cojones, el miedo entre besos, y abrazos, y caricias, que nunca nos damos por el frío que llevamos dentro. Y tan faltos de ello que estamos y tan locos suicidas corriendo hacia el precipicio que nos salva. Tan locos el uno por el otro como el otoño corre detrás del invierno. Para estar unidos, para no separarse jamás. Dejando que llueva, para que alguien luego cure las hojas caídas, las rodillas rotas y las ganas de no volver a enamorarse. Pero dime, ¿cómo no iba a enamorarme de ti? Si eras todo aquello que me llenaba, todo aquello que me salvaba sin prometerlo, un libro escrito que me encantaba leer con tus manos, una canción dedicada que no deja sonar en aquel bar que nos conocimos. Perdimos tanto por tenernos el uno al otro que ahora lo pierdo todo si te vas sin mí. Por eso, espérame cariño, que aunque este corazón esté frío, quiere calentar tus manos.
jueves, 3 de julio de 2014 0 comentarios

ANTES DE

No es un te he perdido
                 o un nunca más volveremos a vernos.
Ni siquiera un me has destrozado la vida.
Es un hay algo que nos une
                y algo que nos golpea justo antes de
                                                          rozarnos
Y podría ser el tiempo el que acabe
                         tirándonos al suelo,
o el mismo que nos golpee
                     en dirección contraria.

El mismo que nos dé la mano
antes de perdernos para siempre.
2 comentarios

QUIERO

Quiero una revolución en tu risa,
1789 gemidos tomando la Bastilla,
un clavel en tu pelo
y poemas de Lorca.

Quiero una guerra en tu espalda,
1914 deudas con la guitarra,
un roncola con hielo,
y el tacto de tu pelo.

Quiero morderte la vida:
esperarnos:
      1912, New Orleans,

Te espero en el almacén.
domingo, 29 de junio de 2014 1 comentarios

Eras

Eras a mi pena lo que la chimenea al invierno,
la sonrisa
que no cambia este puto mundo de mierda
pero hace que me dé igual vivir en él,
el aplauso que infunde valor a mis tropiezos
y sabe mejor que una victoria,
el centro de la diana de todas mis apuestas.
martes, 24 de junio de 2014 0 comentarios

Entre tú y yo.

¿Sabes? Me hubiera gustado decirte que me había enamorado de mí cuando me ponía guapa, para mirarme trescientas cinco veces en el espejo del ascensor antes de subir a verte y que me abrieras la puerta y me dijeras 'fea' y yo te mirara con cara de 'te odio'. Luego no podía evitar la discusión interpersonal entre tus ojos y estas vistas desde el décimo de tu casa. Pero me solía quedar con tus ojos, que me miraban como diciendo que todo lo que me estabas diciendo era mentira: que yo no era fea. Yo te devolvía la miraba como diciendote que no me importaba en absoluto tu vida, que eras indiferente y que te odiaba. "No pienses que he malgastado un segundo en arreglarme para venir a verte". Qué bien se nos daba mentir. Y qué bien se te daba cocinar.
Me enamoré de las veces que me necesitabas y me buscabas. Pero ahora estás como ausente, como perdido, como muerto. Como si todo este dolor hubiera podido contigo y yo no hubiera sido capaz de llamarte de nuevo para decirte que todo iba a ir bien, que todo estaba en nosotros. Era demasiado tarde porque nos habíamos muerto. Tú por ti y yo por los dos.
Quizá lo dejé morir yo, por las desganas o el tiempo, o por el amor de alguien que se parecía a todo lo que tenía ese primer amor y que tú no tenías, y que por eso me enamoré de ti. Qué malo es enamorarse de los recuerdos. Así que ahora, no sé si pensar en nosotros o asimilar el precipicio que se avecina. Pero cuando los recuerdos se van, suelo echarlos de menos: y solo entonces siento que lo muerto me mantiene viva.
domingo, 20 de abril de 2014 0 comentarios

Aliquid

Algún día llegará el momento de quedarnos
sin las prisas que nos pisan los talones,
agarrándonos al mismo horizonte donde
 prometimos mirar cada vez que la vida,
sin ti, sin mi, sin el uno sin el otro,
nos empujara al vacío que
no tenía nada que ver
con el que nos perdía al mirarnos,
temblando, en tus ojos.
El mismo que yo llamaba vértigo
por atreverse a reflejarme a mí, y a ti,
y a los dos en una historia que quién
hubiese querido que tuviera fin.

Algún mes llegará la primavera
que iguale el olor a rosas de tu piel y
 tendré que conformarme sin sumerger mis dedos en tu pelo,
mientras observo, envidiosa, cómo besas el cigarro y lo mantienes,
firme, entre tus dedos, entre esos dedos que siempre iban a ser míos.
Entre esos dedos que ojalá fuesen míos.

Algún día llegará ese año en el que
 no te conoceré en absoluto o en el que te conoceré por completo.
Pero me quedo con el segundo, que el primero me suena a invierno.
Y será entonces cuando invierta las manecillas del reloj
en tentar a la suerte entre tus costillas y las mías,
y las hojas del tiempo con entrada doble en primera fila.
martes, 15 de abril de 2014 0 comentarios

Quédate aquí


Quédate aquí, para siempre y conmigo,

bajo la sombra deleitosa de los árboles que

imitan a los pájaros, y cantan con tu voz.

Corre, más allá de los verdes prados

que buscan atrapar tu sonrisa

y bañar con ella todos los rincones

de sus riachuelos cristalinos.

Quédate aquí, donde pueda quererte,

esperarte, soñarte, besarte

donde pueda contarte de ti

y puedas verte reflejada en el agua

y encuentres tus cabellos entre el sol y la sombra,

o dejes caer tu vestido sobre el verde manto.
domingo, 13 de abril de 2014 0 comentarios

Una razón en mí

Aunque pase el tiempo, aunque pasen las ganas, aunque pasen otros. Aunque tu cielo ya no sea mi cielo. Aunque tus locuras ya no sean como las mías. Aunque me refugie en otros brazos, aunque te pierdas en otros ojos. Aunque mi vida se aleje de la tuya, y no volvamos a enconrarnos y ya nos quede muy lejos el camino de regreso. Aunque ya no escuche tus palabras, aunque te hayas olvidado de mi voz. Aunque todo siga pasando, aunque mi piel se erice con otro calor. Aunque tus manos recorran otro cuerpo, y ya no te acuerdes de mí. Aunque mi mundo gire en un sentido distinto al tuyo y en mis caminos no encuentre ni el eco de tu voz. Aunque estemos así, tan lejos, tan olvidados, tratando de recuperar lo que el pasado se llevó. Aunque te haya perdido y no recuerde cómo y por qué. Aunque desaparezcas bruscamente así como apareciste irrumpiendo mis días, mi vida, todo lo que era y hoy ya no compartamos siquiera el mismo aire. Fuiste esperanza cuando no la había, fuiste sueños entre realidades que lastimaban. Fuiste amor cuando ya no sabía amar. Fuiste tú, quien sin razones dejaste una razón en mí.
0 comentarios

Siempre desnudo y encima

Hoy, me gustaría decirte que  todo eso de que no quiero estar contigo, que no me gustas nada y que paso de todos tus rollos es una mentira que no me creo ni yo. Me gustaría decirte que todo este tiempo no he tenido otras ganas que no fuesen de estar ontigo, y a la mierda el romanticismo, porque son ganas de comete poquito a poco y sin  pausa, hasta el último rincón de tu cuerpo, que me bajes las bragas y destrozarnos por dentro.
Ay, mi amor, qué ganas de rompernos  por dentro... Y qué ganas de quererte en silencio para que no te subas. Para que no te des cuenta de que vivo por ti. Y por este nuevo empezar. Por esos rotos que pretenden arreglarse entre sí. Que te quiero, de verdad, para siempre, desnudo y encima.
0 comentarios

Tercero de abril

Solía cerrar los ojos e imaginar estar donde quería estar. Soñar que algún día escapábamos juntos al pasado que nos ha mantenido carceleros durante tantos años, de la incertidumbre y de la ciudad para refugiarnos en orgasmos que llevan,  por mi parte, todas las letras de tu nombre.
Pero todo este tiempo he pensado que si quieres algo solo tienes que luchar por conseguirlo, hasta el final y por encima de todos los obstáculos. Sin embargo ahora no me quedan fuerzas; las gasté en otra ocasión, quizás.
No sé cómo se lucha cuando no tienes a nadie. Y cuando digo a nadie es que no tienes a nadie a quien contarle nada, porque en aquellas hostias perdiste hasta los temas de conversación.
Que yo no era así, que e l pavo se ha ido con las ganas de reírse, y ahora no dan señales de vida.
Y me dicen que es porque cuando algo te duele demasiado no te salen las lágrimas, ni los gestos, ni cualquier otra indicación que muestre dolor. Te limitas a sentir cómo late tu pecho, a sentir como respiras.

Por eso ya no sueño, porque no hay ningún lugar en el que quiera estar.
domingo, 23 de marzo de 2014 0 comentarios

gfhjdgfgdsdfgnfsbasdargngfkdgjkldfnkls

Y quizás esta sea la última vez que vuelva a verte, a quererte, a intentar dormirte. Quizás toda esta historia se haya limitado a un par de meses y esta continua necesidad de que estes aquí conmigo se haya convertido en una especie de polvora que nos ha dejado sin habla.
Perdóname, pero tengo que decirtelo. Tengo que decirte que he cambiado: para mal... Que todos lo dicen y que yo también lo noto. Que se ha convertido en una obsesión y perdóname, no sé quererte como lo mereces. Pero tan solo intentaba permanecer a tu lado, serte útil aunque nunca llegué a serlo. He pretendido curarte las heridas con las tijeras en las manos y tú sin darte cuenta, y yo temiendo un mal tijeretazo.
Me odio.
Me odio por quererte de esta manera, por necesitarte día y noche, para respirar, para soñar.
No puede ir más allá.
Si no va a funcionar dímelo ya, y no volveré a verte. No volveré a necesitarte aunque me cueste la misma vida. No volveré a reirte, ni a intentar besarte... Te perderé para siempre.

Perdóname, pero no puedo. No puedo seguir así. Te prometí cambiar.
Y lo haré.

Pero lo estoy rompiendo todo.
martes, 4 de marzo de 2014 0 comentarios

Y será que te quise demasiado, y por eso hoy me dueles.

A veces pensé que nunca más volvería a sentir ese amor por nadie que no llevara tu nombre, tus lunares y esa cicatriz en el lado derecho del cuello. Que ni siquiera lo sentiría por ti y que estaría desperdiciado. Era un amor tan grande como el cielo infinito, como la cama donde soñábamos amanecer, tan puro que daba miedo. Miedo por si tenía fin, y una vez que lo tuvo, de no saber saber recomponerlo. Era un amor que me bloqueaba el pecho. Era un amor joven, primerizo, inocente... Y juro que lo experimenté todo. Que sentí el dolor de despertar y preguntarme por qué hice aquello, el dolor de saber que tenía que alejarme de ti, que me hacías daño. También sentí que te ibas y que te agarraba con un lazo al cuello para impedirlo. No todo fue malo, pues sentí que era lo más bonito que me había pasado nunca. Aquel escozor de estómago como un chorro de tequila las primeras veces, los ojos inundados en lágrimas después de un gran día junto a ti, la sonrisa en la almohada después de tus buenas noches. El roce de tu mano y la mía sin querer y esa idea de niña pequeña del destino... Esa idea que a veces sigo teniendo en mente. Era un amor de París y Roma, de te quiero y te rompo, y luego, si eso, te escribo.
Quizá por todo eso fue que nunca llegué a pensar con certeza que volvería a sentir lo mismo por alguien y quizá, por eso, se quedó tu nombre grabado en mi clavícula. Y ojalá fuese una metáfora más. Es esa cicatriz que sigue estando presente pero que no te gusta, que siempre has querido borrarla pero no quiere irse.
Y gracias a esa cicatriz supe darme cuenta de que aquello, sí era amor, pero tan solo era el primero. Qué iba a saber una inexperta del amor de dar la vida por alguien, de perderte por alguien y lanzarte a ciegas a unos brazos que no podían sostenerte. Qué iba a saber yo de la cárcel de sentimientos que me había montado en apenas un par de años. Que el amor no se trataba de llorar por culpa de alguien sino de llorar por alguien. Que no era amor todo aquello que me hacía daño. Y será que te quise demasiado, y por eso hoy me dueles.

Y ojalá que te quedases y menos mal que te fuiste, porque hubiera perdido todos los trenes con tal de quedarme un poco más. Pero no pude, me faltaron fuerzas.

Así que ahora, cuando viene alguien parecido a un eclipse, por eso de que pasa tan poco en tanto tiempo, me acojono y me voy, sin darle oportunidad a que se parezca a ti, o te iguale, o qué sé yo. Que han pasado años, y todavía salgo con la esperanza de encontrarte. Y tan solo encuentro lunares que no son los tuyos. Te conté todos los lunares. Veintiséis lunares por todo tu cuerpo y yo tan dispuesta a grabarte uno más. Pero se hizo demasiado tarde.

Sigo caminando, con la esperanza de lograr encontrar a alguien que sin parecerse a ti me llene tanto que esté dispuesta a olvidarte, o quizá a alguien que me nuble tanto el pensamiento que sea capaz de borrarte. Y créeme que los hay, pero desgraciadamente, todos esos besos han sido en vano.
domingo, 2 de marzo de 2014 0 comentarios

Corre detrás

Siempre has estado aquí, tan cerca de mí y con los brazos y los ojos tan abiertos. Nunca has pedido nada en todo este tiempo y yo no he dejado de pedir más y más. Hasta que ha llegado el momento donde ya no era cuestión de pedir, sino de necesitar. De necesitarte para sostener la vida, para besar un poco más lento. Necesitarte para echar las cortinas y soñar de día. Sin embargo, vuelve a separarnos lo mismo que nos unió: la falta de cojones, el miedo entre besos, y abrazos, y caricias, que nunca nos damos por el frío que llevamos dentro. Y tan faltos de ello que estamos y tan locos suicidas corriendo hacia el precipicio que nos salva. Tan locos el uno por el otro como el otoño corre detrás del invierno. Para estar unidos, para no separarse jamás. Dejando que llueva, para que alguien luego cure las hojas caídas, las rodillas rotas y las ganas de no volver a enamorarse. Pero dime, ¿cómo no iba a enamorarme de ti? Si eras todo aquello que me llenaba, todo aquello que me salvaba sin prometerlo, un libro escrito que me encantaba leer con tus manos, una canción dedicada que no deja sonar en aquel bar que nos conocimos. Perdimos tanto por tenernos el uno al otro que ahora lo pierdo todo si te vas sin mí. Por eso, espérame cariño, que aunque este corazón esté frío, quiere calentar tus manos.
lunes, 24 de febrero de 2014 0 comentarios

(En un mundo de grises)

Podía desde elevarme mil metros sobre el suelo, hasta hundirme no sé cuántos kilómetros en la tierra. Podía, porque yo le dejaba hacerlo. A veces llegaba tarde, se encendía un cigarro y se quedaba callada, mirándome. Y entonces yo me moría de ganas de abrirle la boca, de meterle la lengua, de hacerle el amor simplemente porque quería deshacerme las ganas. También podía, un domingo, pintar de viernes el día. Podía adelantar la primavera cuando sonreía, y se le sonrojaban las mejillas. Sigo sin saber si es más bonito o más triste, darle permiso a alguien para que entre sin llamar a la puerta. Para que, en un abrazo, pueda romperte o arreglártelo todo. Pero si quería, podía joderme a cualquier hora, o hacerme el hombre más feliz del mundo quedándose a mi lado. Porque eso es lo malo de las personas que han aprendido a amar tropezándose, que se abren en canal cuando alguien se detiene a mirarles a los ojos. Eso es lo malo, que la gente que siempre ha gastado mil tiritas al enamorarse, siempre se desangra por inercia cuando dice “te quiero”. Así que uno espera que al caer, sea sobre un cuerpo que detenga la caída. Que al caer, sea al rededor de unos brazos que nos hagan olvidar lo cerca que hemos estado de partirnos la esperanza. Y damos mil vueltas. Caminamos. Nos perdemos. Vagamos cabizbajos, intentando recordar en qué momento nos dimos cuenta de que llorar ya no podía curarnos las heridas. Y se hace de noche. Amanece. Pasan las horas. Y lo bonito es que aún sonreímos cuando llaman al timbre. Que aún hay gente a la que le salen ojeras porque sueña más que duerme. Aún hay quien cree que la supervivencia es un beso que se da con los ojos abiertos y las manos cerradas al rededor de otras. Y podríamos pasarnos toda la vida esperando, con tal de encontrar a alguien que nos hiciese sentir que todo este tiempo que hemos estado solos ha merecido la pena.
lunes, 17 de febrero de 2014 0 comentarios

Te echo de menos.

Perdoname,
por no encontrar otra manera de salvarme que no implicara abandonarte.
Por sacarte de mis ojos para poder dormir.
Ojalá decir que te grabaste en mi piel a fuego solo fuera una metáfora más.

Es tan difícil conciliar el sueño después de habértelo regalado a ti.
He soñado contigo sin mi, contigo conmigo y conmigo sin ti.
He soñado de las mil maneras que existen.
Y por fin dormí contigo.
Entonces dejé de soñar.
Mi sueño al fin dormía conmigo.

Sonríes, y el mundo se va por tu boca.
Así que te robé todos los relojes para que así, no gastaras tu tiempo en mí.
Leerte despacio para engañar al reloj, dejó de funcionar.
Mi amor, leele a Salinas, que solo él sabe de escribir en verso,

lo mucho que a ti te echo de menos.
domingo, 16 de febrero de 2014 1 comentarios

Mi sueño ya dormía conmigo

He soñado con tu pelo, con tus formas, con tu risa. He soñado con tu piel, con tus defectos, con tus manías. He soñado con tenerte en presente, en futuro y en mi cama. He soñado con besarte de lado, de rodillas y de espaldas. He creído verte en una herida cerrada, he querido bajarte el cielo y que tú me bajaras las bragas. He sonreído con tu nombre de fondo, de lado, encima y abajo. Me he tatuado tu acento en la clavícula izquierda. He comprado un billete de ida, y dos de vuelta. Te he dado la vuelta ochenta veces con luna llena. He vaciado un vaso para olvidarte; he llenado tres por recordarte. He soñado contigo sin mí, contigo conmigo y conmigo sin ti. He soñado con contarte historias, lunares y orgasmos. He soñado con perder la cuenta de estos últimos y volver a empezar. He soñado sin sueño, con sed, con miedo. He soñado de las mil maneras que existen. Y por fin, dormí contigo. Entonces dejé de soñar,  porque mi sueño ya dormía conmigo.
sábado, 15 de febrero de 2014 0 comentarios

Siempre juntos, siempre fuertes.

Querido amigo:

No me imagino una vida sin ti. Y sé que suena a película, o al tipico cuento de una cría que cree estar enamorada hasta las trancas. El típico cuento de una chica que no deja de llorar cada noche por alguien que jamás llegará. No, no hablo de amor, aunque ojalá.

Eres el significado perfecto de todo lo que necesito en mi vida. Te debo todo, joder. Que desde que llegaste a mi vida siempre has estado. Has sido un pilar donde he podido apoyarme sin necesidad de pedir permiso y eso es muy grande. Es muy grande saber que tienes a una persona constantemente a tu lado por ti, y para todo. Alguien capaz de dejar marchar algo por quedarse a protegerte.

Y esas cosas no se pueden pagar.

No se puede pagar esa sensación de una diosa en tu interior al ritmo de una danza macabra. Ese escozor en el estómago como si fuese el primer trago de tequila. O como estar cuesta abajo en la montaña rusa más grande del mundo a la vez que cierras los ojos en la playa. Eres eso, paz y guerra. Tranquilidad y nervios.

Y como tú dices: "tú y yo, en equilibrio, somos indestructibles"

Qué bonito suena.

Y qué bonito eres.

¡Ay, amigo! Quién pudiera estar siempre bajo tu regazo. Quién pudiera respirarte, inhalarte a besos y morirse ahì mismo, contigo.

Qué muerte más bonita.


Siempre juntos, siempre fuertes, mi amigo.
viernes, 14 de febrero de 2014 0 comentarios

No podíamos ser agua. (2011)

No podíamos ser agua,
Que resbala de las manos,
Haciendo una símil tregua,
Como unos fieles hermanos.

No podíamos ser agua.
Ella cae al unísono,
Como dos viejos ancianos.
Hasta el aire me es dísono.

Oh! Si pudiera ser agua,
No preocuparme por el tiempo
Creando múltiples vidas que
Recorran tu frágil cuerpo.
0 comentarios

Cuento 1. El portal hacia la felicidad. (2011)

Quizás fuera que ella ya estaba cansada de su rutina diaria, quizás fuese ese ruidoso sonido del despertador o puede que fuera un mal día. Sí, seguro que era eso. Un mal día.

Problemas. Lo único en lo que Gimena podía mantener la cabeza ocupada era pensando en sus problemas: familia, dinero, amigos, amigos más especiales, notas. No sabía cual de ellos era el que más le preocupaba, pues, la sensibilidad que le caracterizaba no le hacía precisamente inmune a las lágrimas, método con el cual cada noche solía calmar sus penas.

Gimena procedía de una familia de bajo nivel social, no lucía prendas de marcas reconocidas y tampoco tenía una imagen cuidada. Era una chica sociable aunque poco confiada en las personas de su alrededor. Si por algo se le reconocía en su instituto, sería por sus frecuentes trastornos de personalidad, además de sus constantes peleas con sus compañeros normalmente debido a lo primero. Aquello no era casualidad. No ocurría así porque sí.

Cada noche, como de costumbre, Martín volvía borracho a casa tras el trabajo. Tambaleándose, tocaba a la puerta con exigencia y Gimena y Soledad volvían una vez más a aquel momento, donde las horas empezarían a pasar cada vez más lentas. Donde las horas se convertirían en días.

– Bu..Buenas noches, padre.

– ¿Qué te pasa a tí? - Comenzaba a gritar Martín - ¿Es que no tienes boca para saludarme? ¿O es que ya te has ido con otro? ¿Ya no me quieres? ¡Lagarta!

– No, cariño... Osea, sí, te quiero, p..pero es que no te había oido llegar – dijo Soledad.

– ¡No me vengas con cuentos! ¿Es que no me ves? ¿Te crees que soy tonto? ¡Te vas a enterar!



Y ésto es lo que ocurría noche tras noche en la casa de Gimena. Ella se quedaba en una esquina de la sala de estar, observando. Mientras Martín, su padre, gritaba eufórico y su madre, Soledad, lloraba desesperada y aterrada. Cada día, Soledad recibía palizas brutales de su marido. Todo por culpa del alcohol. Gimena veía como su madre recibía golpes sin ella poder hacer nada, tanto que le dolía a ella misma contemplarla y ver cómo su padre trataba a la mujer que decía amar con todo su corazón. Entonces empezaba a llorar sin poder contener las lágrimas. Se tapaba la boca para evitar que su voz pudiera ser escuchada pero su táctica no servía de mucho.

– ¿Y a tí que te pasa? ¿Tú también quieres que te dé? ¿Quieres cobrar? ¡Deja de llorar, estúpida!

– ¡N..No papá!

– ¡Desgraciada! No sirves para nada.



Martín la cogió del pelo y empezó a golpearla fuertemente, dejando más cicatrices de las que ya tenía de días anteriores. Su madre la protegía y ella lloraba sin poder parar. El padre prosiguió golpeándolas a las dos hasta que se cansó, tiró la cena que Soledad y su hija habían preparado al suelo y gritando, se encerró en su habitación dando un portazo.



Éste era uno de los miedos y problemas por los que Gimena no podía mantener su mente concentrada. Entonces ocurrió un milagro. Mariana, su mejor amiga.

Ambas se encontraban en el banco de aquel parque, Mariana le contaba que era su peor día: Javier no le había dirigido la palabra, había suspendido el examen de matemáticas y su madre no le dejaba ir al baile del sábado. Gimena hacía caso omisao a su constante charla y Mariana se dió cuenta, así que le preguntó que qué era lo que pasaba por su mente. Tras mucho coste, Gimena le contó todo lo ocurrido. Se desahogó.

– ¿Se lo has dicho a alguien más?

– ¡No! ¡Y tú tampoco lo dirás!

– Lo prometo, pero tú deberías de ir al médico y además avisar a la policía, ellos podrían ayudarte.

– Pero mi padre me pegaría, y yo no tengo dónde ir. No puedo hacer eso.

– Sí que puedes, la policía te ayudará, detendrán a tu padre y tú volverás a ser feliz con tu madre.

– No todo es ta fácil – le interrumpió Gimena- mi madre también tiene motivos para ir a la cárcel.

– ¿Qué? ¿También te pega?

– No... Pero a veces, cuando no puedo dormir y voy a beber agua me encuentro a mi madre en la cocina, tomando pastillas.

– Bueno, pero eso es normal. Todo el mundo toma pastillas cuando está enfermo.

– Mi madre no está enferma.

– Seguro que son para cualquier tontería, no te preocupes.

– Mi madre se droga, Mariana, se droga – recalcó Gimena – Si se lo digo a la policía, mi madre irá a la carcel.

– Vaya... Pero, Gimena, tú no puedes seguir así. No tienes por qué preocuparte por tu madre, seguro que saldrá bien. No puedes permitir que Martín siga tocandoos el pelo ni a ti ni a tu mdre. ¡Eres tú la que debe pararlo!



Seguimos hablando durante toda la tarde y me insistió demasiado en que debía denunciarlo. Quizás fuera verdad y sería lo mejor de todo así que ese mismo día esperé hasta la noche, cuando ellos dos estuvieran durmiendo para coger el teléfono a escondidas y llamar a la policía. Les conté que mi padre llegaba borracho cada noche a casa y que sin motivos nos pegaba a mi madre y a mi. No nos dejaba vivir tranquilas y les conté lo asustada que estaba. Aunque se lo tuve que repetir varias veces porque me costaba mucho hablar, ya que no podía evitar llorar y a la vez tenía que hablar casi susurrando, porque si mi padre se despertaba y se enteraba de esa llamada, no sabría si yo seguiría existiendo. Me pidieron que a la salida del instituto fuera a la comisería y enseñara las cicatrices que Martín me había hecho, y a partir de eso, ellos tomarían medidas. Intenté inventarme cualquier excusa estúpida para que, sin sospechas, entendieran que llegaría más tarde para almorzar.

Llegó el día. Me presenté allí cinco minutos después de que la campana del instituto sonara. Les enseñé las llagas que formaban mi cuerpo, que recorrían toda la espalda, las piernas y gran parte de los brazos. Por suerte, no tenía ningun rasguño en la cara. Y era un privilegio. No sabría que hacer si tuviera que ir al instituto con la cara llena de moratones.

Los policías me acompañaron a casa. Me sentí muy segura, aunque mi cabeza decía constantemente que debía denunciarles, mi corazón suplicaba que no lo hiciese. De todas formas, ya estaba hecho. Ya no había vuelta atrás. En cinco minutos mi madre abriría la puerta y me encontraría a mi, y a dos hombres cargados con la pistola, las esposas, la porra... No sabría decir la reación que tendría mi madre en ese momento.



– ¡Diiiiiiin Doooooon!

– ¡Policía! ¡Abran la puerta!



Eso fue todo lo que escuché. Eso es todo lo que se oye por el momento. Al rato mi madre abrió la puerta. Supongo que al oír que era la policía corrió a guardar la droga que ocultaba en la cocina.

Los policías entraron en la casa suspicazmente. En ese momento mi padre no estaba borracho. Se acababa de levantar. Aunque todavía tenía resaca. No puedo negar que en muchas ocasiones le rogué a Dios que le diera un coma etílico, una enfermedad en el hígado, o que volviendo a casa tuviera un accidente. Desee tantas veces su muerte. Lo odio tanto. Me ha hecho tanto daño. Llevo catorce años soportando diariamente esta tortura. No entiendo cómo mi madre se pudo enamorar de un hombre así. No lo entiendo. Cada día me ha tratado como su esclava, me ha pegado. Me ha insultado. He derramado tantas lágrimas y quizás ahora éste sea el final. Quizás ahora volveré a sonreír y tendré la vida que cualquier niña tendría que tener. Viviré la adolescencia, esa etapa de la vida de la que tanto he oido hablar. Dicen que es dolorosa pero es la más maravillosa. Dicen que te conoces a ti mismo, que conoces a tus amigos. Dicen que te das cuenta de que las verdaderas lágrimas no son las que salen de los ojos y resbalan por la cara sino las que nacen del corazón y duelen en el alma. Dicen que los mejores amigos no existen, que o son verdaderos, o no lo son. Yo nunca he tenido un amigo de verdad. Nadie me conoce tanto. Ni siquiera yo me conozco. Pero es que nunca le he querido contar a nadie lo que me pasaba pues tenía miedo de lo que pudieran pensar. ¿Y si se metían conmigo? ¿Y si me dejaban de lado? ¿Y si lo contaba y mi padre me pegaba más por hacerlo?. Quizás éste era el momento en el que yo comenzaba una nueva vida así que me aclaré la garganta y le dije a los policías en un tono seco, vacío, sin sentimiento:

– Mi padre me maltrata. Nos maltrata.

– ¡Mentira! ¡Eso es mentira! ¡Es una mentirosa! ¿Cuántas veces te tengo que decir que no mientas? ¿Te das cuenta de lo que estás diciendo?

– Cállese señor, su hija nos ha enseñado los moratones que usted le ha hecho con sus palizas.

– ¿¡Moratones!?¿De qué diantres me hablas? ¡Yo no le he pegado!

– Está usted detenido.

– ¡No!

– Y usted señora, nos acompañará a la comisaría, tenemos que revisar las heridas. La llevaremos al médico y pronto estará recuperada. Tú, pequeña, te vienes con nosotros. Tenemos un lugar donde podréis quedaros mientras tanto.



Pasé muchísima verguenza cuando mi padre salió esposado de la casa y todos los vecinos comenzaron a mirar y a hablar descaradamente. Pero estaba segura de mí misma, aquella pesadilla había acabado, y todo gracias a Mariana. Todo gracias a aquellos policías. Ahora podría ser feliz. Olvidaría el pasado y reconstruiría mi presente.

Aquellos policías se llevaron a mi padre en un coche distinto al nuestro. A mi padre se lo llevaron a comisaría, pasaría la noche en la cárcel. Y a nosotras nos llevaron a una especie de cuartel. Nos interrogaron. Nos dieron algo de comida para calentarnos ya que hace un frío terrible y nos alojaron en habitaciones separadas. No nos dejaron vernos. Mi madre no me había dicho nada. Ni una palabra.

Estuvimos tres días cada una viviendo en su correspondiente habitación, sin derecho a vernos. Y yo salí por primera vez de ella cuando uno de los policías me llamó y me dijo que no me preocupara por las clases del instituto. Habían informado a los profesores y al director. Les pregunté por mi padre y me dijeron que él se quedaría encarcelado durante una larga temporada, pero que mi madre y yo tendríamos que acudir en varias ocasiones a los juicios en los que se trabajaría el tema relacionado con mi padre. Les pregunté que por qué no podía volver a casa con mi madre y la respuesta me dolió. Me dolió en lo más profundo de mi corazón.

– Cuando os marchásteis, otros compañeros nuestros registraron vuestra casa con la intención de encontrar armas de tu padre, pero encontramos droga, pequeña. Tomamos pistas y al final hemos llegado a la conclusión de que tu madre consumia. Eso es un delito, Gimena. Por esa razón no has podido ver a tu madre en días anteriores. ¿Tú sabías que tu madre se drograba?



No sabía que contestar así que dije la verdad: sí.

La siguiente noticia, para mi sorpresa, es que mi había quedado sin padre y sin madre. ¿Quién se haría cargo de mí? Yo no quería irme de nuestra ciudad. Tenía mis amigos y debía pagarle a Mariana por el gran favor que me había hecho. ¿Quedarme sin padres qué suponía?


Ellos me contaron que no tenía que tener miedo a nada. Conocían a una pareja que se podía hacer cargo de mi. Para mi asombro, esa familia la conocía. Tras hacerme esperar en una sala, esa familia, mi nueva familia entró por la puerta. Era Mariana y sus padres. Ella era hija única. Mi madre le había cedido mi tutela, ya que ella sabía que yo no me quería ir de nuestra ciudad y el resto de familiares vivían excesivamente lejos. Los ojos se me llenaron de lágrimas y corrí a abrazar a Mariana. Empecé a llorar. Aquella sensación era mágica. No encontraba palabras para describirla. Era la primera vez que lloraba de felicidad. Esas lágrimas también salían del corazón. Abracé a sus padres, abracé a mi familia y les dí las gracias. A ellos y a Dios. Tengo mucha suerte. Y para mis adentros prometí ser feliz y disfrutar cada momento como si fuera el último. Querría a mi nueva familia con todo mi corazón y nunca les fallaría. Me levantaría tras cada caída con la cabeza erguida. Aquí empezaba una nueva vida. Con una nueva Gimena. Aquel pasado era un punto y aparte y yo empezaba otra oportunidad que no desaprovecharía.
martes, 11 de febrero de 2014 0 comentarios

Un desgarro de mi alma sigue vivo en ti


Ya ves, sigues siendo el primer pensamiento al despertar.

Un desgarro de mi alma sigue vivo en ti:

que pasa el tiempo y no mis ganas.

¿Y qué más?

Mentiría si dijera que todo va bien,

que hace tiempo que no pienso en ti,

que te olvidé,

que otra persona supo darme

lo que un día me regalaste tú.

Miento si digo que ya no te amo.

Cuanto tiempo sin verte,

no dejé de quererte.

Vivir con tu recuerdo no fue suficiente.
lunes, 10 de febrero de 2014 0 comentarios

¿Te quedarías?

El tiempo pasa, y no me hace falta nadie ni nada que me demuestre que las personas, los daños, todo eso también pasa. Está muy bien que la cicatriz de esa primera persona por fin cierre, por fin desaparezca esa llaga y todas las demás que la adornan en la piel. Pero a veces me acojana el lado malo de todas las cosas. Que sí, que todo el mundo se va, que no estaremos junto a alguien para siempre. Que esos cuentos ya sé que no existen. Pero supongamos que optamos por una doble victoria, un quédate que no quiero saber del tiempo. O un no te vayas, que me da frío.

Supongamos que puedes quedarte para siempre, que puedes curarme toda la vida. Que puedes imaginarnos dando soluciones al mundo que si todo aquello estuviera colgando de estas sucias manos. ¿Te quedarías?

Ahora bien, si bien tú puedes quedarte también lo hará tu recuerdo. Es decir, que cuando te vayas -porque no quedará otra opción; porque nada dura para siempre - no quedara sino algo más que tu recuerdo.

Me quedaré con los libros que no dejan de hablar de tus manos, con el negro de tus ojos como el cielo en pleno invierno. Con tus consejos, con tus tristezas, con la mía - y permitanme la osadía- pero también la del mundo entero. Porque todo el mundo estará triste al ver que te has ido sin dejar ni rastro, ni un poco de esperanza.

Quiero decir que, me quedaré vacía. Por que qué serán esos ojos sin vida, o esas manos sin ti. O qué será de mí si un día me faltas.

No te vayas.

Tanto tengo que tengo miedo. Miedo al sentir - o al sin ti -. Al adiós que no es un 'hasta luego'. Ni siquiera al adiós.

Hay días muy fuertes, tan solo tú sabes entenderlo. Y aunque dices que hay mejores, que todo termina, que la distancia es una puta que me tiene dicho que no compita con ella, no me imagino una vida sin ti. Que lo que yo necesito es fuerza e inestabilidad, y eso solo puedes dármelo tú.

"Tu eres la indiferencia y yo soy la ira. Mucha ira es mala. Mucha indiferencia también. Pero cuando ira e indiferencia se combinan todo se equilibra"

Y lo que más me mata es la manía de echarte las culpas, de decir que todo ha sido por un mal movimiento. Que todo esto es una partida de ajedrez, donde tú me colocas como reina permitiéndome cualquier movimiento y eso acojona. 

Es increíble como puedes llegar a necesitar tanto a alguien, de tal manera que se te pare el pecho cada vez que recuerdas todo lo que han hecho por ti y lo poco que lo mereces. Es increíble que todavía quede gente así. Y yo con mis manías de perderlo todo, de querer tirarlo por la borda en un solo movimiento y así me va. Con este miedo de perderte, de que me dejes aunque nunca te hayas ido. De perderme entre cafés y cervezas donde no puedo dejar de hablarte, de mirarte, de agradecerte internamente todo lo que haces sin pedir nada a cambio. Y te limitas a repetirme, una y otra vez como una cría que todavía no tiene claro su nombre -porque así es como me siento ante tu presencia- que no me preocupe, que tú serás mi pilar, mi fuerza, mi tranquilidad, mi almohada, (mis días, mis noches, mis insomnios, mis ganas de huir y mis ganas de quedarme).

sábado, 1 de febrero de 2014 1 comentarios

Bésame si me equivoco.

Esta vez me toca ser quien diga las cosas bonitas, quien admita que en este juego no ha perdido nadie, que ha sido una doble victoria. Y es que te escribo esta carta para darte las gracias por eso, por nuestros momentos y porque las promesas que un día hice no las va a romper ni el tiempo ni la distancia, esto no es mas que un par de promesas medio camufladas entre palabras y un intento de recordarte lo genial que puedes llegar a ser, y es que a ti te miro de un modo distinto. Que no hay otra cosa más bonita que despertar a tu lado y con tus besos. Que los despertares ya no merecen la pena si no son contigo, y sabes que me pasaría años recorriendo todas tus pecas, memorizando cada una de ellas con la punta de mis dedos. Y andar por tus labios, y dejar que nunca, nadie te haga daño. Que no soportaría ver tus lágrimas en esos ojos aunque he de admitir que tu belleza aún existe cuando estás triste. Aún sigo preguntándome si de algún modo puedes verte horrible y todavía no he encontrado ninguna solución posible. Nunca nadie había conseguido tales cosas en mi, como lo has hecho tu; yo no sabia que esto del amor fuera tan maravilloso si es compartido y es recíproco, pero ya veo que si lo es. Tan inverosimil a veces, tan genial que tengo miedo de perderte, de que esto vuelve a ser una historia que termina como otra cualquiera, que cada uno sigue su camino y deja que el otro, se vaya, sin hacer nada al respecto, aunque algo me dice que esta vez no sera igual...

Bésame si me equivoco, pero creo que esta vez es mejor que todas las demás anteriores. Esta vez las cosas van de paciencia y aguante. Brindaste por el camino conjunto y ahora ya no sé si soy yo sin ti o eres tú sin mi. Las cosas cambian y sí, nosotros también. Yo cambié y tú me recogiste después del cambio. Ahora lo único que quiero es despertar a tu lado, después de largas noches de conversación y susurrarte muy bajito que no es que no quiera estar contigo, es que no me imagino no estándolo. Maldito el día en que probé tus labios, ¿quién me ayuda a mí ahora con esta adicción? Porque yo ya no soy capaz de tenerte cerca y no desear besarte...

A pasado el tiempo y yo solo prometo que algún día lo parare y nos quedaremos a vivir en la cama. Posdata: lo sabes de sobra pero por si acaso se me olvida, te quiero.




Celia Otos.
0 comentarios

No habrá más cerezos.


Creo que debería olvidarte.

Y olvidarte supone dejar

de sentirte como primavera,

como constante, como cambiante.

Olvidarte sería invierno.

Frío y tempestad. Pánico.


Se nos está yendo de las manos

- o se me está yendo,

ya sabes que nunca

me gustó echarme las culpas -.


No habrá más cerezos.

No estoy segura de que

lleguemos a sobrevivir pero

mientras tanto,

deberíamos intentarlo.
jueves, 30 de enero de 2014 0 comentarios

Mamá

Mérceme mamá
Mérceme que tengo frío
y tengo el corazón helado.
Mérceme mamá
que me he enterado
que los cuentos no existen
y me he quedado sin moraleja.
Mérceme que duele,
que grita, que llora.
Y no sana mamá...
Esto ya no sana.
Mérceme, sujétame las fuerzas.
Intenta arreglarme mamá...
Intentalo, por favor.
Mérceme el corazón
a ver si me lo arreglas.
O mérceme la vida
por si acaso se duerme.
Mérceme mamá.
Mérceme.
Ciérrame los ojos
que no quiero verlo.
No quiero sentirlo.
Y cántame,
a ver si así lo olvido.
martes, 28 de enero de 2014 0 comentarios

Quizás el infierno se encuentre en mí.

Y eso no es bueno, no puede seguir aquí porque me siento tan sola que no dejo de necesitarle. Necesitar a la persona que me ha necesitado. A la persona que ha abandonado cosas por mí sin que yo lo pidiera. A la persona que sigue apostando por mí aun sabiendo que estoy deteriorada. A la persona que me devolvio la vida si hablamos de suicidios. Sí, devolver la vida literal. Y estoy tan sola. Soy rara, no soy como las demas pues mis circunstancias me impiden serlo. No me he criado como cualquier persona. Y la unica persona que me ha salvado de todo eso, que ha sabido mirar con los ojos cerrados ha sido él. Un miedo terrible me recorre el cuerpo pues no sé que será de mí sin él. No sé que voy a hacer con mi vida. Necesito algo... Algo que sepa que va a durar. Algo que sepa que pueda estar siempre... No. No sé lo que necesito.
viernes, 24 de enero de 2014 0 comentarios

24

Hoy especialmente, te echo de menos. A ti, que siempre has estado. Siempre que has podido.
Hoy necesito que estés aquí. Un café ardiendo combinándose con los menos tres grados de nuestra nariz. Cálmame. Es lo único que necesito hoy. En días como hoy en los que tan solo quiero que esto acabe: irme lejos. Empezar una vida lejos de esta pesadilla que me ha tocado vivir. Lejos de esta vida insana. Hoy tan solo me agarro a ti. A mi pilar, a mi apoyo, a mi vida, literal.
Ha vuelto a pasar. Se ha vuelto a repetir y no estás. Pero no estás por la distancia, porque no he podido agarrar el teléfono para escuchar tu voz. Pero no dudes que no he buscado tu anhelo, tu presencia, el cualquier rincón de aquí, de mi corazón.
Tranquilo, sé que si te hubiera llamado hubiera venido en no más de lo que dura el voleteo de una mariposa. Sé que si ahora mismo fueras consciente de que te necesito, no dudarías en dejar cualquier cosa para venir a tranquilizarme.
Y por eso es que te necesito.
En días como hoy.
Es decir, todos los días.
miércoles, 22 de enero de 2014 0 comentarios

La chica de la maleta

Esta fría mañana tan cerca de diciembre
no tomé el desayuno, no he leído el periódico,
no me metí en la ducha después de la gimnasia
(esta oscura mañana no quise hacer gimnasia)
no subí la persiana para asomarme al cielo
ni he mirado en la agenda las promesas del día.
Esta dura mañana con su duro castigo
he roto algunas cosas que mucho me quisieron
y salvé algunas otras porque duele mirarlas.
Me estoy haciendo daño esta mañana fría,
quisiera destruirme sin salir de la cama
o encontrar la manera de dormir un momento.

Cuando menos lo esperas, suele decir la gente,
la sorpresa aparece con sus dientes de anís.
Cuando menos lo esperas, si te fijas un poco,
verás que el aire lleva gaviotas y mensajes...
mas ya no van conmigo esos viejos asuntos.
El aire arrastra lluvias y tristezas heridas
y yo no quiero verlo cruzar como un bandido
tan guapo y tan azules sus ojos venenosos.

Esta fría mañana tan cerca de diciembre
cuando rozan los árboles de puntillas las nubes
junto a tanta miseria, tan helada ternura,
yo dejo mi impotencia, mi personal naufragio
entre estos blancos pliegues olvidado...
Aunque mi cuerpo caiga doblemente desnudo
en ese traje roto que luego es un poema.
Aunque otro sueño baje su luz por la almohada
y ya no te despierte mi voz en el jardín.

De "La guerra de los treinta años" 1989
miércoles, 15 de enero de 2014 0 comentarios

.

Finalmente ha salido aquello que llevaba meses intentando que mi cabeza no se permitiera pensar.
Ha salido el hecho de que siempre has estado rondando,
que siempre has sido ese tren que se ha parado a recogerme sin destino final.
Y ahora no tengo palabras para describirlo,
me has dejado tímida,
entre vagón y vagón esperando nuestra parada.
Sin decir nada.
viernes, 10 de enero de 2014 0 comentarios

Un suicidio por ti

No lo sé.
No me preguntes porque
no lo sé.
Tampoco me atrevo a contarle
a nadie sobre el acantilado
de tu cuello, no quiero enamorarme.
Enamorarme de tus ganas de quedarte
sin que nadie te lo pida,
de tus ganas de quererme,
sin que me lo merezca.
De tus ganas de marcar mi número
y no atreverte nunca a pulsarlo
Y las mías de quedarme embobada
con el mensaje de voz de tu buzón.
Con el mensaje de tu voz, -siempre es tu voz.


Y es que no ha habido nadie más.
Pero tengo la costumbre de enamorarme,
o quizá de perder la cabeza,
mezclarme entre precipicios
por un tú sin mi y un yo sin ti
cuando me vuelvo loca y no somos.
Pero el problema es que eres,
y yo sigo con mis manías,
de atrasar el despertador siete minutos,
como los lunares de tu espalda,
para ver si vuelvo a verte una vez más.
Sigo con mis manías,
de llamarte a todo el mundo,
de romper servilletas
como cuando me ponías nerviosa.

Ojalá pudiera coger un tren,
o bien hacia tu acantilado
para saltar al vacío y que no nos
importe lo demás.
O bien para ir a donde estés, aunque
creo que más o menos es lo mismo.
Un suicidio continuo
(un suicidio por ti)

Que no es que no quiera estar contigo,
es que no me imagino no estándolo.

jueves, 9 de enero de 2014 0 comentarios

Shhh

Hola. ¿Qué tal?
Perdona que te llame a estas horas
o que ni siquiera te esté llamando.
Quería agradecerte todo lo que
has hecho por mí, pero supongo
que todo eso no se puede hacer
mediante ninguna llamada de teléfono.
Y mucho menos en una en la que
no sale la voz. No sale ninguna voz.

Perdona por comerte tú todos mis miedos,
por saltar al precipicio por mí
y rajarte la cabeza en mi lugar.
Por esperar un tren que no llega
en vez de dejarlo marchar
por si acaso
yo vengo en él.

Esperando que sea yo sin ti o tú conmigo,
o de alguna manera podamos ser los dos
haciendo añicos el despertador.
Perdón por las cosquillas
por esa risa de loca cinco minutos
antes del sexto beso.
Por el echarte de menos
al ir a tu cocina.
Por fumarnos de todo
en el sofa de tu casa.
Y por que no nos dejen
pasar más allá del sofa.
(más allá del salón)

-

Shhh, calla. No hables.
Ahora me toca a mí
hacerte callar.
No como me gustaría
pero da igual, asómate,
quiero verte.
Estoy aquí, haciendote daño
y aún así, te acercas más a mí.

No sé por qué te escribo esto,
no tiene ningún sentido,
yo no tengo nada claro pero te
lo escribo.
Como si así
pudiera
echarte un poquito
menos de menos.
(o necesitarte menos)

Shhh.
Calla.
Habla bajito.
Que nadie se entere que nos besamos.
 
;