jueves, 6 de noviembre de 2014

Pero qué culo

+ Dios, algún día dejará de gustarme su culo
- ¿Todavía te gusta?
+ Que va, pero yo que sé, es algo extaño
- Te gustaba mucho, ¿verdad?
+ Sí, me encantaba. A veces incluso le echo de menos.
- ¿Por qué dejasteis de hablar?
+ Estuve tres años detrás de él, y justo cuando le conseguí, o creía haberle conseguido, se fue con otra. Me acuerdo que no podía soportarlo y que me pasé días pensando si quería soportar otra tía más y a saber lo que podría pasar después, o directamente olvidarle y empezar de cero. Así que finalmente opté por lo segundo, y tuve que empezar de cero: su anillo, conversaciones, cartas, camisetas... todo, por pequeño que fuese. Le pedí que no me hablara nunca más, que yo volvería a él cuando le hubiera olvidado completamente, cuando ya no me hiciese daño.
- Pero seguís sin hablaros ¿no?
+ No me he atrevido a volver a hablarle, a fin de cuentas, le veo todos los días. Sigue siendo el mismo, pero a la vez, es otro. Yo también soy otra. No se puede recuperar la relación de dos mejores amigos de hace cinco años: es demasiado tiempo.
- La gente decía que lo hicísteis
+ Algo pasó, pero no pasó nada, ¿entiendes?. No lo hicimos, pero tampoco no hicimos nada.
- Y en lo que fuese que hicisteis, ¿fue el primero?
+ Sí
- ¿Te arrepientes de eso?
+ No. O sea, no me arrepiento de nada. Creo que ha sido la etapa más plof de mi vida, pero sin embargo la etapa que volvería a vivir una y otra vez, sin cambiar nada. Volvería a llorar lo llorado porque cuando me reía, lo hacía de verdad. Ahora es todo distinto, somos mayores... creemos que nos enamoramos porque tenemos más edad, que si sexo, que si no me conviene... Cuando éramos pequeños eso no tenía nada que ver. "Me gusta" y punto, y se te iba la vida aunque en el fondo decías "cuando sea mayor me reiré de lo tonta que soy". Y es mentira, cuando eres mayor echas de menos a la niña pequeña que era capaz de enamorarse, de luchar por algo, de darlo todo, de no rendirse, de perder el orgullo, la razón... Incluso de ilusionarse por lo más pequeño. Cuando crecemos, perdemos la ilusión, el corazón se nos hace más pequeño... El mundo se nos llena de miedo.
- Pero ¿qué veías en él?
+ Me habré preguntado eso cien mil veces. No sé, es que ahora no sé como es, no sé si ha cambiado. Pero si lo ha hecho, una parte de él seguirá siendo la de hace tantos años, al igual que dentro de mí continúa esa niña pequeña enamorada y que a veces sale a airear recuerdos. No lo sé, es que tenía tantas cosas tan sencillas. Era inteligente. Donde se ponga un tío inteligente que se quite todo lo demás. Y tenía un sentido del humor que me encantaba. Había gente que no le entendía: yo tampoco lo hacía a veces. Pero me gustaba porque era diferente. Tenía claras las cosas, no sabía lo que quería ser, pero tenía claro cómo quería ser. Sabía el sacrificio que requiere ser una persona de las que él quería hacer. Y siempre me escuchaba. Siempre tenía las palabras exactas. Siempre sabía hacerme reír, al igual que me hacía llorar. Me conocía mejor que a él mismo. Lo que más me gustaba es que estar con él me inspiraba a escribir, a expresarme, tanto para cuando estaba feliz y le amaba más que a nadie como cuando tenía el corazón destrozado. Me gustaba su culo, pero no sabes lo que había detrás de esa sonrisa. Lo que había en esa cabeza, o quizás, en ese corazón... No lo había descubierto nunca antes en ninguna otra persona. Me hacía temblar. La piel se me erizaba y me daba frío a la vez que ardía por dentro. Me daba envidia hasta el aire que respiraba porque estaba con él en todo momento. A veces, cuando me sentía mal y no quería dar la lata, me recorría los 3,4km que separan su casa de la mía. No le decía nada, pero me gustaba saber que estaba más cerca que antes. Cuando pasó un tiempo y creí haberlo superado, volví a ir. Me derrumbé. Desde entonces, no me he atrevido a ir de nuevo. Supongo que esa es la misma razón por la que hace casi tres años que no le hablo. Que cuando se cruzan las miradas, yo miro para otro lado. Que aguanto la respiración para no oler la colonia que, por supuesto, no ha cambiado en todo este tiempo. En el fondo sigue siendo él... No lo sé. No le quiero, no estoy enamorada ya de él, porque no es la misma persona. Pero tiene algo, algo que a veces me obliga a recordar, algo por lo que no puedo evitar llorar. Algo por lo que lloro, pero cuando me pregunto los motivos, no sé responderme. Todavía no he olvidado las fechas. Ni su cumpleaños, ni los besos... No he olvidado ni su primer abrazo. Sinceramente, no he vuelto a besar. He dado besos, pero ¿besar? Creo que solo he besado una vez. Solo he besado una vez. Y todavía lo recuerdo. Cuando lo hago, el estómago me arde, la cabeza me bombea a diez mil por hora, se me hace un nudo en la barriga, inconscientemente me muerdo los labios... como ahora. No puedo evitar recordar todos y cada uno de los detalles. Pensar en él, a menudo, me da ganas de luchar.
- Tenéis que volver a hablar, sigues enamorada de él.
+ No. Es imposible. (Pero ojalá)

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